Tal_Ivar's blog

La vida del asociado V

Esto, simplemente no se vale.
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La vida del Asociado IV

Después de 3 años seguidos trabajando en nuestro querido mercado hispano, me pregunto cuánto he cambiado, cuáles son las percepciones qué tenía, las expectativas, si he crecido o no, si lo que sabía me ha servido y si estaría dispuesto a volver a trabajar en mi país, mi México. Hace un par de semanas estuve de vacaciones en México, dos semanas para descansar en la playa, hacer trámites en el Defectuoso (nomás aclaro que sólo los chilangos podemos llamarlo así, gracias) y ver a los amigos y familia. La verdad es que siempre se extraña todo: la comida, los tragos con la banda, las reuniones domingueras en casa de los papás, el ambiente mexicano, ese color tan emocional, no sé. Pero esta última vez me ocurrió lo que nunca me había pasado en visitas pasadas, aún faltaba media semana para volver y yo ya quería estar de vuelta en mi hogar, en ese pequeño pero cálido departamento en el Waterfront de Jersey City que comparto con Fab, mi hermosa cómplice. Me sentí ajeno, extraño en esa ciudad que siempre he considerado mi refugio, el lugar más feo y más hermoso del mundo, donde nací, crecí y aprendí casi todo lo que sé de la vida. Hoy, esta noche, en este tiempo mi espacio está en EU. Me da mucha risa, quién lo iba a decir si en mi juventud siempre fui un rojo antigringo, pero este país me abrió siempre los brazos y ha terminado por convencerme que no se trata de geografía, ni siquiera de historia, se trata de vivir, de respirar y de enamorarte del lugar que llama a tu esencia, donde quiera que sea, y que tu hogar es donde el corazón se siente en confort. No sé cuánto más viviremos aquí, pero hoy, no quiero estar en ningún otro lado. Así que señores, nos leemos en el próximo episodio de la vida del Asociado. El tal Ivar inundado en los cotidianos sonidos de mi departamento, viendo a mi gato Turuntuntún, observar todo desde la barra de la cocina. Para qué sacas esto? Ten guárdalo...
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La vida del Asociado III

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Y los Leones de Cannes 2010 llegaron a su final, con toda la polémica por el Grand Prix que le quitaron a Ogilvy México, con los oros de Lápiz, con AlmapBBDO que sigue siendo la grande de la región, con el comercial de Old Spice siendo el mayor ganador y un tal Ivar que se refugia en el recuerdo de aquel único León que ha poseído en la vida. Y es que hace unos días fui a ver junto al amor de mi vida, la última película de la serie Toy Story, y aunque uno no quiera, las lágrimas se salen al pensar en todos esos juguetes tan queridos, esos tesoros infantiles vestidos de plástico o peluche, esos sinceros amigos que de verdad nunca te dejaban solo. Pues mi juguete más querido era un León de nombre Leo (creo que el Ivar no pintaba para creativo). Leo era grandote y suavecito, de larga melena que jugaba con la mía al dormir, con patas grandes y bigote. Sus mejores amigos eran un payaso, un perro y un pingüino, todos simpáticos, ocurrentes y profundamente buenos. Mi padre les daba voz y yo me maravillaba con su show. Un día tomé las tijeras pensando que a Leo bien le hacía falta un recorte de cabello, desgraciadamente el pobre quedó trasquilado y nunca le volvío a crecer su enorme greña. Cuando llegué a la secundaría, pensé que ya no necesitaría cerca a Leo y sus amigos, por lo que los guardé en una maleta roja. Años después, cuando dejé la casa de mis padres, mi mamá me preguntó que si ya podía tirar a mis mejores amigos de la infancia, a mi Leo, pero el corazón no me alcanzó y le pedí que los guardará. Abrí la maleta, vi a Leo otra vez, con mirada triste, cuerpo débil y pelo enmarañado. Le di un abrazo, le besé la trompa y lo volví a guardar. Hoy día, casi 15 años después, no sé si mi madre sigue guardando a Leo, quizás ella ha sido prudente pensando en que ese niño Ivarcito aún vive y que volverá un día a recogerlo para volverlo a amar como antes, y que a Leo, le habrá crecido el pelo otra vez. El tal Ivar. New York, NY.
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La vida del Asociado II

En el escritorio del Tal Ivar hay de todo, cosas que son mías y otras que el trabajo me va acumulando. No soy muy organizado, de hecho muchas veces he deseado vivir en la época del Mad Men® y tener una secretaria que me diga qué tengo que hacer, cuándo, dónde y con quién. Que conteste el teléfono por mí, neta pagaría muchos dólares para que alguien use mi iphone®, tengo un rollo extraño con él, la neta no me gusta hablar por teléfono, prefiero mandar mensajes de texto o hasta mandar e-mail en vez de hablar por funky. Pero sigamos con el escritorio: hay unos luchadores, y no por moda ni porque piensen que soy un creativo mexicano, sino que neta fueron mis juguetes favoritos cuando era niño, sobre las autopistas, los castillos, los Playmobil® y hasta el Atari®. Hay unos diccionarios Larousse® que ya ni uso por culpa del Wikipedia® o la rae.es. Me acaba de llegar mi álbum del mundial Panini® del que me quedan menos de dos semanas para llenar. Frente a mí hay un maniquí con la camiseta de México marca Spenglish® puesta y una máscara del Huracán Ramírez®. Hay también una botella de Bacardí® Blanco rellena de agua, vieran qué buena cara ponen los clientes cuando me ven tomándole. Cables, muchos cables reposan también en este desktop, cables de los que no tengo idea para qué sirven o de qué son. Cuento igual con una botella de Purell®, quesque para desinfectarme las manos. Una matatena, un balero, una Virgen de Guadalupe® (por si no les queda muy claro que soy mexicano), el teléfono empolvado, las playeras que me han regalado los proveedores, mis plumas y lápices, mis cuadernos, algunas hojas impresas, varias caricaturas hechas en Post it® de mi hijo-gato el Turuntuntún y el tapete de Yoga de mi mujer que me encargó porque su Crunch® queda enfrente de mi agencia. Así la decoración se mantiene más o menos igual durante todo el año, de pronto algunos elementos se suman, luego otros los termino por destruir, pero al final, los mejor de todo es que éste es mi lugar, donde paso la mitad de mis días, donde trabajo, pienso, escribo, me cago de risa o hasta me quedo jetón. Tal vez esto me defina un poco, tal vez me confunde más. De mientras me termino mi café que cabe señalar que nunca es un Starbucks®, me caga el Starbucks®, está más sabroso el del carrito de árabes en la esquina de Astor Pl. y Lafayette St. El tal Ivar. New York, NY. Junio del 2010. Ella me gusta y yo a ella también...
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La vida del Asociado

Asociado a la muerte
Asociado... un título que aún no entiendo, asociado de qué, de quién? Acaso me va a tocar una parte de las ganancias de mi agencia o simplemente me asocian con una Dirección Creativa que algún día podría ser mía. Que yo sepa no existe una Asociación de Directores Creativos Wannabe. Entonces de qué carajo soy asociado? De la vida? De mis vidas pasadas? De las futuras? Ahora que si me asocian con las marcas para las que trabajo ahí se pone mejor. La Tecate es resabrosa me cae, y neta no es que quiera quedar bien con nadie, pero cuando los de mi edad éramos niños en México, allá por los 80's, la Tecate fue la primer chela que probamos. Nuestros papás abrian aquella lata roja, le ponían limón y sal por encima y dale, era como la primer golosina fuerte pa'l chamaco, así como los franceses le dan a sus hijos Cabernet Sauvignon, como a los Argentinos les dan su mate, como a los cachorros su primer pedazo de carne. Así que si es Tecate la marca a la que me pretenden asociar, yo feliz. Si alguien tiene mayor información sobre mi título, les agradeceré su apoyo. Me siento confundido, triste y solo desde hace dos años por ser un Asociado de la incertidumbre. El tal Ivar. Mayo del 2010 New York, NY.
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